Silvana Suarez

"Miss Mundo implica el serio compromiso de viajar alrededor del mundo en representación del propio país, en mi caso Argentina".

Nací el 29 de septiembre de 1958 en la ciudad de Córdoba, capital de la provincia argentina que lleva el mismo nombre. Córdoba es una ciudad de aproximadamente dos millones de habitantes. Por ser el centro de una importante movida cultural, artística y política es considerada la segunda en importancia del país, después de Buenos Aires.
Es una capital universitaria donde convergen estudiantes de distintos países de Latinoamérica en busca de excelencia académica.

Provengo de una familia de artistas e intelectuales. Mis padres, ambos artistas plásticos ganadores de premios nacionales, se dedicaron a la pintura, la escultura y la enseñanza universitaria. Nuestra casa mantuvo siempre sus puertas abiertas a la visita de amigos filósofos, poetas, músicos y artistas plásticos del momento.
Cuando era muy pequeña decidí estudiar música. Con sólo cinco años explicité a mis padres este deseo y luego de rendir un examen de ingreso en el colegio de los Niños cantores de Córdoba comencé mis estudios.

Durante toda mi infancia y adolescencia disfruté del canto y composición musical. Me recibí a los diecisiete años de Profesora de música y Directora de coros en el Instituto Domingo Zípoli.

Más tarde ingresé a la universidad. Quería dedicarme a algo diferente, dejar la música de lado por un tiempo. Así fue como cursé tres años de la carrera de arquitectura y llegué a ser ayudante de cátedra de la materia "Sistemas de representación". Pero en 1978, tras ser elegida Miss Mundo en Londres, firmé un contrato que exigía el cumplimiento de ciertas obligaciones que no me permitieron continuar con mis estudios. Me radiqué en Inglaterra e inicié mi carrera como modelo.

Antes de ser coronada Miss Mundo había ganado en Argentina seis concursos de belleza en cinco meses. La pasarela y el mundo de la moda no estaban en ese entonces contemplados en mis planes, pero una cosa trajo rápidamente otra y de la noche a la mañana comencé a formar parte de aquel mundo. Me convertí en una modelo internacional y mi vida cambió en forma radical.

Viví en Londres cuatro años, y luego viajé a Japón contratada por una agencia de modelos. Allí permanecí otros dos años y logré varios contratos de exclusividad, que me dejaron tiempo libre suficiente para aprender una nueva técnica, Katsugeundo.

Yo practicaba Yoga desde los once años. A esa edad mi madre me llevó por primera vez a una escuela que quedaba en centro de la ciudad de Córdoba, que en aquel momento albergaba unos cinco mil alumnos. Cuando alcancé el nivel máximo de la escuela, el cinturón negro, mis maestros me autorizaron a continuar sola con mi rutina. Aquél fue mi primer encuentro con una disciplina en la que llevo ya treinta y seis años de práctica; mi primer contacto con la respiración, con el arte de la flexibilidad física, emocional y mental, y con algunas ideas que todavía hoy atesoro, por ejemplo, la de que el ser humano ha de ser entendido como un todo.

Como decía hace un momento, junto a mi sensei Katada aprendí a conocer y a manejar la energía de las manos. Fue él quien me introdujo al Katsugeundo, técnica de curación similar al reiki cuyo auge tuvo lugar la en época de escasez de medicamentos del Japón post-Hiroshima. Durante mi estadía en Tokio practiqué a diario Katsugeundo entre japoneses, hasta llegar a especializarme en dicha técnica.

Después de terminar con mis contratos en Japón viajé a España para comenzar mis estudios de fotografía. Todavía modelando, sentí la necesidad de darle un vuelco a mi vida. Aunque debía mis viajes a la carrera como modelo internacional, no sentía que esa fuera mi verdadera vocación. Me tentaba la idea de pasar del otro lado de la cámara y llegar a ser fotógrafa profesional. Sabía que no quería dedicarme al mundo de la moda ni a la publicidad. Me interesaban especialmente los retratos en blanco y negro y los paisajes.

Tomé entonces mis primeros cursos en el Centro de Imágenes Visuales de Madrid y obtuve el título correspondiente. Luego tomé dos cursos más en Zaragoza. Con el tiempo, lo que había empezado como una distracción se materializó en distintas publicaciones.

En España viví aproximadamente un año y medio. Los años que siguieron me llevaron a otras partes de Europa, Australia, Malasia, Singapur, Estados Unidos y Jamaica.

A los treinta años recién cumplidos decidí dejar mi carrera de modelo. De vuelta en Argentina conocí a quien se convertiría en mi primer esposo y padre de mis hijos, un reconocido periodista, director del periódico local Ámbito Financiero. Comenzamos a salir y al poco tiempo nos casamos. La pronta llegada de dos hijos, Julia y Augusto, confirmó definitivamente la decisión de abandonar la pasarela.

Mi pasión por la fotografía nos complementaba muy bien. Comenzamos a trabajar juntos, y fruto de aquel trabajo fue una nueva sección del periódico, la famosa "Charlas de Quinchos". Más tarde, me interioricé en otras actividades del diario hasta convertirme en vicepresidente de la empresa Amfin S.A, cargo que ocupé por 10 años. A través de mi trabajo logré combinar mi interés por la fotografía, con el periodismo y la dirección empresarial.

Estuve casada durante diez años con mi primer marido. Cuando nos separamos me alejé de las actividades relacionadas con el diario y focalicé mi energía en la crianza de mis dos hijos pequeños, y en los trámites legales de un divorcio que recién comenzaba y que prometía ser belicoso y conflictivo. El paso de los años confirmó aquella promesa.

Sentí un gran vacío en mi vida al dejar de golpe mis ocupaciones laborales. Al poco tiempo comencé a escribir. Al principio sólo escribía algunas páginas sueltas los fines de semana, cuando viajaba a mi Córdoba natal para refugiarme en mi casa de campo de las sierras, en el pequeño pueblo de Nono. En aquel momento descubrí una gran identificación con otra escritura más creativa, distinta de la periodística. Pronto, toda esa nueva energía creativa cobró la forma de una novela que aún no he publicado.

Durante los seis años posteriores a mi divorcio dediqué mucho tiempo a la lectura e investigación de técnicas destinadas a mejorar la calidad de vida; viajé a Indonesia para tomar cursos de meditación e hice terapia en forma muy consciente. De mis largas conversaciones sobre hipnosis y auto-hipnosis con distintos científicos aprendí el poder curativo de las palabras. Por ejemplo, pude comprobar cómo esta técnica es capaz de curar el asma de un niño a través de un relato dirigido a su mente no conciente.

En estos años fui convocada por empresas de la categoría de la Editorial Perfil para brindar mi opinión sobre algunas de las revistas más importantes de Argentina y mi asesoramiento en materia de proyectos de publicaciones que posteriormente fueron lanzadas con éxito. Por otra parte, fui consultada en forma privada por determinadas personas acerca de cómo optimizar su calidad de vida, su trabajo e imagen poniendo en práctica algunos de los métodos que aprendí, como la meditación, la concentración y relajación, y el logro de la correcta actitud mental y física por medio del uso de ciertas palabras.

Asimismo, le transmití a un amigo -casi sin darme cuenta- parte de los conocimientos que había adquirido. Poco a poco comenzó a ponerlos en práctica y, por ejemplo, le sorprendió el cambio producido por el mencionado uso de algunas palabras específicas en lugar de otras en el contexto de sus reuniones de trabajo en Asia y Europa. Me sugirió entonces que suspendiera la escritura de mi novela por un tiempo y me dedicara a transmitir aquello que había aprendido.

Por un lado el incentivo de un amigo, así como el de otras personas cercanas y queridas; por otro, la inspiración que me suscitó el haber conocido y entrevistado a distintas personalidades, entre otras, el Dalai Lama, Deepak Chopra, Paulo Coelho, y la Dra. Suryanis –líder de los derechos humanos en Indonesia- me decidieron finalmente a abrir mi caja de Pandora y sacarle el polvo a todos los escritos de mis años de investigación para compartirlos con cada lector.

Una mirada retrospectiva sobre mi vida me devuelve actividades de los más diversos géneros: me formé durante trece años para ser profesora de música y preparadora de coros; en mi adolescencia, junto a mi hermana, vendí collares de plata que nosotras mismas fabricábamos; estudié arquitectura y fui ayudante de cátedra en la universidad; fui modelo profesional a nivel internacional; me divertí grabando canciones en inglés para la película Blow out de Brian De Palma; enlacé por años mi interés por la fotografía, con el periodismo y la dirección empresarial; y finalmente, hace algún tiempo, decidí darle cauce a mi deseo de escribir. Hoy la vida me encuentra abocada de lleno a esta actividad, disfrutando plenamente del trabajo diario de investigación, y de las horas que paso dando forma a mis pensamientos.

Lo cierto es que sólo a través de la escritura llegué a comprender que, aún siendo tan diverso, todo lo que hice me identifica y, del mismo modo, me identifico con todo lo que hice. Me siento feliz de poder compartir mis experiencias, de transmitir a través de mi primer libro, Despierte su propio gurú, los secretos que me sirvieron para aliviar dolores y las técnicas cuya aplicación trajo resultados constructivos para mí y para quienes he asesorado.